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Impulso espiritual del padre Joan para el 4° domingo de Cuaresma

 

Querida comunidad,

El próximo domingo celebramos el cuarto domingo de Cuaresma, la llamada "Dominica laetare". "Laetare" viene de "Laetitia", palabra latina que significa alegría, gozo. Seguramente muchos de ustedes se preguntarán: ¡¿alegría?! ¿No se podía haber escogido otro momento para celebrar el "domingo de la alegría"? ¿Tiene que ser precisamente cuando estamos en plena crisis del virus corona? No sabemos si este lunes nos van a imponer la "Ausgangssperre", no conocemos la evolución de los contagios del virus, ignoramos cuánto tiempo va a durar este duro calvario, rezamos para que no nos contagiemos... ¿Hay todavía lugar para la "alegría" en medio de tanta inseguridad? 

¡Ciertamente no! No podemos forzar desde la Iglesia que los fieles cristianos sientan de pronto y como por decreto "alegría". Pero, ¿de qué alegría estamos hablando? ¿De una alegría que se exterioriza con sonrisas desenfadadas, reuniones con amigos, comer y beber y "viva la vida"? No, esta no es la alegría del "dominica laetare". La alegría, el gozo del "Laetare" ¡viene de depositar la confianza en el Señor! De saberse acogido, amado, protegido por Él, que es mi Dios y me quiere. Es el gozo de saber que Dios me sigue hablando, incluso en este momento de dificultad y de temor. Me orienta con su palabra, me concede el don de ser responsable, de saber reaccionar con sabiduría, equilibrio y sensatez en el momento que nos toca vivir.

El evangelio de este cuarto domingo de cuaresma es de San Juan, 9, 1-41. En él se nos narra como "semeia", signo de la cercanía de la divinidad de Jesucristo, la curación del ciego de nacimiento. Es un evangelio (buena noticia) de Luz. Aunque hoy ha salido de nuevo el sol, un sol que al inicio de la primavera irradia calor y da bienestar, la incerteza y la oscuridad del momento presente nos hacen anhelar una luz que nos ayude a salir de este túnel largo por el que pasamos.

El ciego del evangelio ¡todavía no ha visto nunca la luz del sol! ¡Su ceguera es casi existencial! ¿No es el "pecado original" una ausencia total de la luz, de la LUZ de DIOS? Sin embargo, este ciego desea salir de su situación existencialmente humana de la ausencia de luz. Hay algo en él que le mueve a estar receptivo a la actuación salvadora de Jesús, el Señor. Y Jesús realiza un gesto salvador en el ciego mediante la tierra que deposita en sus ojos y la palabra con que acompaña esta acción. Y el hombre ciego, que está abierto al encuentro con Jesús, acoge este gesto y sigue las indicaciones de Jesús.

Jesús vence la oscuridad en la que este ser humano se hallaba desde el inicio de su existencia. A este hombre ciego ¡el evangelio no le da ningún nombre! Un dato muy sugerente, porque este hombre o mujer puedo ser yo o cualquiera de nosotros. ¡¡Cuántas veces, si somos sinceros, no echamos de menos una luz que nos dé orientación en el camino de la vida, que nos envuelva con su calidez, que nos proporcione seguridad, tranquilidad, que nos ayude a vivir en harmonia, en equilibrio!!

Jesús da luz. Él nos invita a acogerla. ¿Cuál es nuestra respuesta? Si la acogemos, es la respuesta de la fe, de la confianza en Él. Si la rechazamos, es una respuesta de orgullo, de ceguera, de querer erigirnos como algo que no somos.

Una forma concreta de dar a Dios una respuesta de fe y de confianza es la de la oración personal y la oración en familia, precisamente cuando la celebración de la Santa Misa en nuestras iglesias no es posible. No hagáis vacaciones "de Dios", no abandonéis la oración con los hijos, en la vida del matrimonio, de la familia. Ahora más que nunca la oración personal y familiar nos pueden dar mucha fuerza y luz para seguir avanzando por los duros caminos de la vida en medio de esta pandemia que afecta a tantos miles de personas.

¡Que Dios os bendiga y os proteja a todos!

En comunión de oración, vuestro

Joan Vinyeta Puntí

Párroco

Datum: 20.03.2020
Marta Vives Marín
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